
Sergio Ruvalcaba
Acaba de pasar una de las elecciones más claras en la historia reciente de los Estados Unidos: la de un candidato joven que ha sabido apalancarse en el poder de Internet y las nuevas tecnologías, contra un candidato mayor, obsoleto tecnológicamente, que se limito a hacer prácticamente más de lo mismo de siempre, vimos como un candidato al que le salía el dinero literalmente por las orejas como resultado de una campaña eficientísima en términos de recaudación de fondos, se pegaba el lujazo de ocupar media hora en todas las televisiones, mientras el otro candidato se veía obligado a tomar decisiones de abandono definitivo de determinados estados porque económicamente ya no le daba para hacer campaña en ellos.
Dejando aparte las razas de los candidatos y la gran diferencia de edad, es evidente que la gran diferencia ha estado en el uso de Internet fundamentalmente en la capacidad de utilizar Internet para promover algo tan viejo como una campaña política, reinterpretado para los nuevos tiempos, dejando atrás las viejas costumbres (repartir panfletos, pegar carteles, hacer reuniones en casa o promover comunidades locales de interés), la gente se encontraba de repente enviando vídeos de Obama en YouTube con comentarios personales a sus amigos. Conseguir que el activismo político, en los tiempos que corren, deje de tener un mal nombre y sea algo en lo que participen las personas normales, no vinculadas a la actividad política, es algo que ya de por sí tiene su verdadero mérito. Lograr, además, que un montón de personas contribuyan a tu campaña con donaciones económicas y acciones de todo tipo en redes sociales, etc. también lo tiene
Lo que observamos en las pasadas campañas electorales de Estados Unidos, tanto del Partido Demócrata como del Partido Republicano, fue toda una construcción estratégica de marketing político basada en la estructura mediática globalizada. La difusión y seguimiento de las campañas políticas fue puesta en marcha en todos los medios de comunicación, (incluyendo Internet) tanto locales como internacionales y con ello la difusión globalizada tuvo éxito rotundo al mantener los ojos del mundo en dos contendientes.


